Carlos Felipe Godínez García

Sin importar el calor, la lejanía, el tráfico, el esfuerzo, el tiempo de espera u otros factores inesperados, siempre buscan lo mejor para sus hijos. A toda prisa van de un lado a otro desempeñándose como amas de casa, secretarias y madres, lo que las convierte prácticamente en heroínas todos los días.

Y así, bajo ese título de «heroína» es como Nuria Diosdado, seleccionada mexicana de nado sincronizado y muchos deportistas más, perciben a su propia mamá.

La joven jalisciense revela cómo especialmente el apoyo de su madre: Montserrat García, le dio un impulso a su desarrollo como deportista.

“Mi mamá ha sido pieza fundamental en mi carrera, desde que yo era niña, me llevaba a entrenar, me esperaba a que saliera de la alberca y hasta hoy es quien me ayuda a diseñar y le da el visto bueno los trajes de baño con los que compito”, dijo la sirena jalisciense.

A sus 5 años de edad, Nuria comenzó a practicar natación como una actividad recreativa por iniciativa de sus padres, pero incursionó en nado sincronizado porque tenía las aspiraciones de las campeonas mundiales Virgine Dedieu, de Francia y Gemma Mengual (España) a quienes alguna vez observó por televisión.

Al estar clasificada a los Juegos Olímpicos de Río 2016, Nuria ha logrado cristalizar su sueño y su madre se mantiene a su lado como una de sus principales motivaciones. “Ella sabe lo importante que es en mi vida, sin ella no podría hacer el deporte con la pasión con que lo hago porque cada rutina y cada entrenamiento se lo dedico a ella. Sé lo mucho que le costó dejarme ir tan pequeña y en este día tan especial le deseo que sea muy feliz. Es la mejor mamá del mundo y que le agradezco todo lo que ha hecho por mí”, mencionó.

Una imagen que se viene a la mente de la multimedallista Centroamericana al hablar de su madre, es la anécdota que vivó durante su niñez en entrenamientos con sede en el Club Atlas Chapalita.

“Siempre buscaba tenerla cerca de mí y ella se sentaba en la orilla de la alberca toda la tarde o el tiempo que durara el entrenamiento, el tiempo que fuera necesario ella estaba allí (4 ó 5 horas), porque a mí me daba miedo estar sola. Empecé a crecer, mi mamá tenía cosas que hacer y se iba, entonces mi entrenadora Patricia Vila me decía que mi mamá se había ido por un café o al baño o que estaba cerca, pero en realidad no estaba, se iba a terminar sus pendientes y el día que me percaté de su ausencia pedí ir al baño para buscarla y no estaba y al darme cuenta solté el llanto hasta que mi mamá regresó a explicarme que no siempre iba estar a mi lado pero que desde donde estuviera me iba a cuidar».

Nuria agradece el esfuerzo de su madre, así como lo hace cada uno de los deportistas y entrenadores de CODE Jalisco, además de aquellos pequeños que inician hoy una trayectoria en el deporte y que quizá el día de mañana puedan ver su historia reflejada en la de figuras como la de esta sirena jalisciense.