Por Juan Carlos Hernández A.

“Sólo me fío de las estadísticas que he manipulado.”
Winston Churchill, político.

El populismo ha tenido en su historia excelsos líderes populistas que han levantado la bandera de la libertad y en ocasiones salvado la estabilidad de los países en beneficio de sus habitantes y que han dado resultados en amplias políticas públicas.

En este nuestro México, no sabemos si es el caso, y no sabemos porque no conocemos un líder, un estadista, siquiera un administrador que posea habilidades al menos directivas y competitivas que haga lo que corresponde: mover y dar la pauta para que sus ciudadanos sean guiados por las decisiones que el líder tome y así encuentren un camino hacia el proyecto de vida que brinde los resultados óptimos en el corto y mediano plazo, respecto a sus necesidades profesionales y apremiantes. Ahora que, si se pudiera dar, solo el tiempo lo dirá.

Sin despreciar y hacer prejuicio del termino o el concepto, el populismo se nos presenta  hoy por hoy, como una  representación de animosa corriente engañabobos y en su más fresca y ridícula y bien intencionada postura de salvar a un país que suponemos no tiene otra opción para salir por otra puerta que no sea esta: un líder carismático que a través   de la mera demagogia hace prometerse que salvara a todo cuanto cree en él  o al menos confié. No me refiero a México, no, es un término universal.

En el populismo no hay resultados y si los hay, éstos son equivocados, por el lado, sentido o perspectiva que se quiera ver: un decrecimiento económico, que raya en la proximidad  crisis, poco apoyo al gasto en instituciones que otorgan servicios de salud, educación, investigación y otros más; entonces así ni crecimiento, ni inversión, ni nada es lo que hace esta corriente, que se ha manifestado años atrás en Latinoamérica, Europa, y en ¿México?.

Por lo que, la pregunta es ¿De qué sirve el populismo? Hay muchas respuestas pero hagamos discernimiento de las más sensatas, el populismo como método sirve para llevar a una persona al poder, respaldado por los ciudadanos que confían en que esa persona es realmente la opción de cambio. También el populismo servirá para que, quien posea el poder se mantenga en un nivel de aceptación de la opinión pública, alimentando con todo y las promesas ofrecidas antes y durante la gestión o mandato en el ejercicio de gobierno, y una tercera respuesta es que esta corriente popular no sirve de nada, si no ofrece cambios buenos y  tangibles, gobernanza y gobierno que resuelva y proponga soluciones bien planeadas y sobre todo pensadas.

La realidad que muestra el populismo, es otra y otras son las respuestas de los efectos del populismo, usted amable lector las conoce, es ocioso recordárselo, solo revise compare y forme una opinión en su entorno privado y público y no será necesaria mucha historia, sino más bien sentido común para que descubra la situación en que se encuentran los países que han pasado por el populismo.

Revisar la historia en otros países que han sido regidos por un populista como lo son Alemania, Italia, Argentina, Chile, EUA, y últimamente Venezuela, veremos que por “sus obras los conoceréis” así nada más para no juzgar. Entonces nos daremos una idea de lo bueno y lo malo que han sido el actuar de sus respectivos representantes en el poder y también  se descubrirá  porqué y cómo llegaron ahí y sobre todo qué fue lo sobresaliente de cada uno de ellos, en la función para la que fueron electos o por otras vías impuestos en el poder, que a veces tiene la útil  propaganda.

¿Qué significa que un líder populista venga prometer lo que no será, solo afianzado por el sistema del mero populismo? No significa nada, y nada es reconocer y saber que no funciona. Un país requiere de un líder no que atraiga a las multitudes, menos que las manipule, que no les mienta, que no cometa omisiones; sino un líder que posea un cumulo de virtudes y cualidades para ser empleadas en la no fácil tarea de hacer política de la buena, y que se empeñe en concertar, en unificar, en motivar hacia el bien común de los ciudadanos, pero no lo contrario.

Populismo para qué! Si con ello no se llegará a valorar ningún parámetro de superación en ningún sector productivo, ni en materia de crecimiento, o en un grupo proactivo de la sociedad. Querer debatir que el populismo y el populista es bueno o malo, es tedioso y obsoleto, perse no importa sí es lo uno o lo otro, lo que debe interesar son los resultados que los países bajo este régimen tienen y que por mucho que se quieran matizar no es posible esconder la realidad que los asecha y ello evidentemente que es preocupante en su justo medio.

No son estos, hoy los tiempos de contemplación de  la prueba y error, no; a la vista de cualquier parroquiano salta la situación en el mundo y ciertos países en particular; tenemos cientos de familias ahora desamparadas por ya no contar con trabajo estable para sostenerse y mantenerse, hay empresas desaparecidas ya y otras entrando en déficit de ventas, pues empresa que no vende, no da empleo y menos puede retener al personal, no es posible y menos costeable; universidades públicas y privadas con menos estudiantes unos porque abandonan el estudio en busca de oportunidad laboral y otros por no poder pagar colegiaturas; la inseguridad cada vez más creciendo y rebasando en fuerza y estrategia a los mandatarios de las naciones.

El populismo desampara la falta de proyecto de Nación, o ¿alguien lo conoce a cabalidad? Sin pretender ser alarmista o siquiera exagerado, usted conoce el rumbo de los países en siquiera algún ámbito.

Las promesas populistas hechas en campaña, ya pasaron, no es el cómo se llegó, es el qué se ha hecho, pero  los hechos están al día, con sus reveses y con pocos aciertos, empero el ciudadano de a pie no parece mostrar interés por los temas nacionales e internacionales, lo que le ocupa es conseguir el pan con el sudor de su frente y no más; sin darse cuenta que lo que debe hacer es estar en el escenario de la opinión, de la crítica y de pedir cuentas a quien deba hacerlo.

¿En lo que respecta a México a dónde vamos?  ¿Podemos comparar nuestra realidad a la de algún país con visión populista? Quién sabe. Nada es verdad y nada es mentira, todo depende del cristal con que se mira…

Tan lejos de cielo y tan cerca de una realidad populista, pero ¿diferente? Alguien nos ampare para que no llegue el rumor de la discordia. Ya lo dijera Cantinflas: ¡Ahí está el detalle! Que no es ni lo uno, ni lo otro, sino todo lo contrario. No está la pólvora para infiernitos… ¿o sí?

El autor, es Maestrante en Gestión Social y Políticas Publicas.