Vientos Políticos ¿Dejarías a tu pequeño hijo en la morgue por no tener dinero para sepultarlo?

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Pregunto a las mujeres que son madres: ¿qué sentimientos o reacción tendrían si uno de sus hijos muere y no tienen dinero para sepultarlo, y deciden dejarlo en la morgue para que sea enterrado después en lugar desconocido sin nombre ni dedicatoria?

Seguro, dolor, llanto, tristeza y culpabilidad serían sus cómplices de toda la vida; mañana, tarde noche y en los sueños, pero sobre todo los recuerdos del hijo en vida y una impotencia asfixiante que termina por hacerte sentir el ser más despreciable.

Hoy Luis por fin descansa en paz después de dos años de estar en una morgue y errante en el “camión de la muerte”. En su lugar de sepultura no lleva su nombre ni apellidos, sólo una miserable letra y número, como si su vida no hubiera valido nada durante sus siete años de existencia.

No significaba un día cualquier para él, sino el inicio de un navegar hacia la muerte. No había otra alternativa. Sólo esperar los tiempos. Llegó grave al hospital, cubijado por la angustia y desesperación de sus padres.

Largos pasillos con pilares altos adornados por una luz tenue eran testigos de su traslado a urgencias. Luis ya estaba ajeno a todo contacto externo. Las palabras y llantos de mamá y papá no entraban ni de contrabando por sus oídos.

Todo estaba escrito. La tarde templada de ese día firmó el fin de su vivir. Siete otoños y un poco más de invierno concluyeron. El contrato de vida no incluía prórroga por más tiempo.

Luis ya no tuvo otra oportunidad de sentir el abrazo de papá ni el beso de mamá, tampoco las risas ni regaños de ellos. El momento era duro: verlo salir envuelto en una bolsa negra para que su pequeño cuerpo no fuera visto. Ese fue el inicio de dos años de estar en un espacio frío y apilado junto con otros cuerpos que tuvieron la misma desdicha. Durante ese tiempo no tuvo una sepultura digna y mucho menos visitas de sus padres o familiares que platicaron con él.

¿Cuál fue el “error” de Luis para enfermarse, morir y terminar injustamente en esa fosa común acompañado de desconocidos. A caso fue tener unos padres extremadamente pobres o víctima de un sistema económico-laboral-salud-educativo que se desmorona de manera estrepitosa ante la complacencia de gobernantes, políticos, funcionarios, senadores, diputados que sólo les importa sus intereses o compromisos para aumentar el capital de sus cuentas bancarias, muchas de ellas en el extranjero?

Ello demuestra que para muchos mexicanos 50 pesos o 100 pesos tienen un gran valor en sus vidas económicamente limitadas, aunque para otros valen una “caca de perro”, nada.

El caso de Luis no es único, ni de otra nación o de película triste, sino de un país ahogado en la impunidad y corrupción llamado México.

Eduardo Esquivel