Nazon González Álvarado

 

Este recinto es el ultimo que se conservo de lo que llegaron a ser las 158 viviendas que Fray Antonio Alcalde ordenó construir en el barrio del santuario, a lo largo de 16 de manzanas conocidas como “las cuadritas”, Desde su inicio, que se remota a 1781, se concentró una población de poco menos de 600 personas. Eran familias de escasos recursos que venían acompañados por internos del viejo Hospital Civil y pagaban nobles rentas por su hospedaje,

La construcción de la vecindad comenzó en 1787 y termino en 1790. El patronato de la reconstrucción del centro histórico de Guadalajara y el Instituto Nacional de Antropología e historia contribuyeron en la restauración del lugar, al dedicarse a instaurar como albergue en el año 2000.  Más de dos siglos después de de su inauguración continúan acumulándose en el lugar de la las historias de enfermedades, sufrimiento y penurias de los enfermos mas pobres de Jalisco y el occidente del país.

 Casa Galilea.  Los trasplantados y enfermos convalecientes que necesitan quedarse más tiempo y recibir cuidados especiales, duermen en la Casa Galilea, cuyo nombre se debe a la Asociación Galilea 2000. Ésta debe su funcionamiento al incansable trabajo de su fundadora María Eugenia Casillas de Pérez, aunado a los donativos tanto en efectivo como de pañales, medicamentos empezados y no caducos, entre otros, y el servicio social. Todo esto llega gracias a la labor de su Patronato.

En este espacio los cuartos se asemejan más a los de un hospital, pues los enfermos yacen en su cama reclinable junto a sus familiares o pareja, quienes se mantienen alerta de lo que necesiten.

Incluso, la Central de Enfermería se aprovecha como recámara, pues sólo se cuenta con dos enfermeras. “Pedimos becarios de la Escuela de Medicina, pero no nos han enviado a nadie. Sólo en una ocasión, hace como dos años, nos enviaron unas becarias”, indica la trabajadora social. En el pequeño patio, donde el sonido de las ambulancias se escucha más fuerte que en el área principal, se encuentran tres mujeres tejiendo bolsas, pues es su manera de obtener algo de dinero para los tratamientos de sus maridos, ambos rondando los 30 años de edad.

En la finca 576 de la Avenida Alcalde no se elige el tipo de casos para atender, pues se ha dado cuidado a personas en todas circunstancias. Martínez Rubalcaba cuenta que una de las personas que más tiempo se ha quedado es una mujer, quien sufría las consecuencias de un implante mal logrado. Su hijo, quien contaba con ocho años de edad, acompañó a su madre con el personal del lugar los tres años de su lucha antes de que ella muriera. “Los pacientes que duran más de un año por lo general son aquellos que están en estado terminal”.

Este sitio es considerado una vivienda histórica del periodo virreinal. El Instituto Nacional de Antropología e Historia la cataloga como una “reliquia histórica”.

Cada espacio fue restaurado con la supervisión del INAH, el apoyo del ayuntamiento de Guadalajara y la ayuda de bienhechores.

En las bancas del jardín del albergue “Fray Antonio Alcalde”, por unos instantes, las penas se disuelven. El fresno y el guamúchil hacen olvidar el sonido de las máquinas de oxigeno y los respiradores. Los familiares con enfermos en el Hospital Civil de Guadalajara o los mismos enfermos, encuentran lo que el doctor Héctor Gómez Vidrio resumió como “un oasis en medio de tanto dolor”.

Tras las puertas del número 576 de la avenida Alcalde está el albergue. Sus paredes están llenas de historia y simbolismos. Hace 300 años fray Antonio Alcalde diseñó las llamadas “cuadritas”, cuartos con camas e instalaciones para proporcionar comida a los familiares con algún enfermo en el entonces Hospital de San Miguel de Belén, hoy Antiguo Hospital Civil.

El complejo habitacional original tenía 158 casas. El tiempo las deterioró y hace 13 años fue rescatada y restaurada la última casa que sobrevivió al crecimiento urbano.