A Trasluz / Detener una guerra

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Perpleja, tal cual, me dejó la pregunta de una brillante alumna durante la clase. Perpleja, sí, porque no resulta sencillo dar respuesta a la interrogante que, como dardo, lanzó a  mi corazón esta joven estudiante:¿cómo, maestra, podemos detener una guerra?

Y la pregunta vino a colación a partir de un análisis elaborado durante la clase, en torno al contexto de la comunicación de hoy. Con la calma que brinda la reflexión, pretendo dar contestación a tal inquietud, pues cierta estoy que tú también la compartes, querido lector.

He de comenzar afirmando que la respuesta, como la pregunta misma, es compleja. Ante las terribles noticias que últimamente hemos recibido respecto a la guerra que está desgarrando a Siria, la indignación se revuelve en nuestro interior ¿qué hacer para terminarla? ¿qué hacer para evitar que familias completas dejen de sufrir? ¿qué hacer para evitar que bombardeen hospitales de bebés? ¿cómo aliviar el dolor de los refugiados y de los que buscan un lugar que les brinde paz en este agitado y egoísta planeta? Con dolor en mi alma aseguro que la realidad que viven nuestros hermanos en Siria es simplemente aberrante.

Quizá nuestra voluntad y nuestras fuerzas no alcancen para detener esta cruenta, absurda y devastadora guerra. Sin embargo algo “bueno” puede surgir en medio de esta tragedia. Algo “bueno” ha surgido a partir de la pregunta de mi alumna, y es precisamente el darnos cuenta de la necesidad que tenemos de despertar a nuestras conciencias. Quizá estos terribles hechos nos permitan sacudir la indiferencia que, silenciosamente, nos está consumiendo.

Si bien no podemos detener una guerra, sí podemos dejar de verter el ácido de nuestras críticas en los demás, sí podemos desterrar la hipocresía de nuestras vidas y ¿cómo? Con sencillas y pequeñas acciones, que a la larga se traducen en hábitos, prácticas y formas de vida, capaces de marcar la diferencia.

Por ejemplo, podemos comenzar en nuestra familia: es buen momento para dejar de lado por una hora, al menos, todas aquellas tecnologías que distraen nuestra atención de las charlas y  preguntas de nuestros pequeños. Podemos intentar interesarnos, genuinamente, por su mundo, y no esperar a que la “niñera electrónica”, el iPad o Netflix los entretengan para que nosotros podamos seguir “facebookeando” a nuestras anchas.

Podemos intentar encontrar la mirada de nuestra pareja y entablar un diálogo sincero. Tener un detalle con ella, intentar hacerla feliz, aunque en momentos no sea tan sencillo.

Podemos, también, hacer una tregua con aquellos que nos han lastimado. Perdonarles de corazón y seguir con nuestras vidas. Cargar rencores en el corazón nos limita, atenaza nuestra voluntad, nos paraliza. Por ello debemos hacer una tregua con nosotros mismos, perdonar,  aunque cueste, y avanzar.

Podemos intentar valorar a los demás no en términos de los “ceros” de sus cuentas bancarias o de su “estatus” social. Podemos intentar valorarles en función de la infinita dignidad que tenemos por el hecho de ser humanos. Si realmente entendiéramos lo que vale el hombre, lo que vale la humanidad, no habría margen para estúpidas guerras.

Y esto último, valorar a los demás, significa también detener el ácido de nuestras críticas, frenar la hipocresía por la que nos permitimos, incluso, destrozar la reputación de alguien al soltar o replicar “chismes” infundados. Significa también ayudar sin esperar nada a cambio, hacer el bien por el gusto de hacerlo, y no por acaparar los reflectores.

Estas acciones nos ayudarían a cambiar nuestro interior, y con ello, sembrar lo positivo, al menos, en nuestro contexto inmediato. Si esto lo replicara cada ser humano, cada familia, cada colonia, cada estado, cada país…el mundo no sería tan malo.

Mi alumna me ha hecho pensar que quizá no podamos detener una gran guerra, pero sí podemos, definitivamente, detener las pequeñas guerras que, poco a poco y sin darnos cuenta, nos van aniquilando como seres humanos.

 

Olga Navarro Benavides

Secretaria Académica de la Escuela de Comunicación

Universidad Panamericana, campus Guadalajara

olnavarr@up.edu.mx