De mujeres y hombres (segunda parte)

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Resulta irónico que el machismo visible sea el más fácil de ocultar, mientras que el invisible este justo frente a nosotros y seamos incapaces de verlo. El temor puede llevar a ocultar los moretones que relatan la historia de abuso físico y psicológico de la víctima, hasta que no quede una parte de su cuerpo que no se encuentre cubierta, mientras que el simple hecho de llevar una falda relativamente corta o el llevar una blusa que muestre el ombligo sea motivo de escándalo para la comunidad.

La mujer mexicana se espera que sea dócil, reservada, conservadora y leal a la figura masculina más cercana a ella, ya sea este el padre o el marido sin importar el comportamiento o la actitud de estos hacia ella. Una mujer que no es dócil en México, es decir, que no se deja controlar y no se considera como una “propiedad” es considerada una rebelde.

Una mujer que le gusta expresarse, y no quedarse callada, es una alborotadora. En lo que se refiere a las relaciones, se espera que la mujer tenga un balance perfecto en el que sea lo bastante sencillo el abordarla para no ser considerada anticuada más no lo suficiente para ser considerada como una “chica fácil”. Basta con echarle un vistazo a la campaña viral de creada por la “Miami Ad School Hamburg” en Alemania, en la que se muestra como es clasificada la mujer en base a la ropa que usa.

Para empeorar las cosas, a través de los años, se ha comenzado a etiquetar a esta clase de propaganda como algo tanto inapropiado como exagerado. La idea tan errónea que tenemos de que la igualdad entre hombres y mujeres ya se ha logrado ha llevado a la creación del termino de internet llamado “femi-nazi” en el que se estigmatiza a las activistas feministas como mujeres exageradas que odian a los hombres sin razón, cuando en realidad, muchas de ellas son mujeres dedicadas que solo buscan obtener una igualdad de condiciones verdadera a beneficio, no solo de las mujeres, sino también de los hombres.

Incluso algunas mujeres han llegado a enlistar los motivos por los cuales no necesitan al feminismo sin siquiera estar conscientes de que fueron movimientos feministas los que lucharon durante décadas para conseguir que se oficializara la igualdad de género y que se otorgara el derecho al voto a la mujer (cosas que ni siquiera se ha conseguido a nivel global).

Probablemente lo más lamentable de todo esto es que, como se mencionó al principio, las madres también son víctimas de esta clase violencia. De hecho, las expectativas de la sociedad caen con un peso todavía mayor sobre sus hombros. Hijos que no entienden porque su madre es tan “exagerada” al decirles que no pueden salir cuando lo único que busca es su bien estar. Esposos que creen que el ser ama de casa no implica ningún esfuerzo ni dedicación. Jefes de empresas que creen que por el hecho de estar embarazada, una mujer ya no puede seguir con su profesión ni tener una carrera exitosa.  Vecinos y familia que creen que una mujer está fuera de lugar al cuestionar a su marido. Habrá muchas mujeres que tengan problema con vivir de esta forma, lo cual está bien si así son felices. Lo que no está bien es que muchas otras mujeres y madres no quieren hacerlo. Madres que no quieren ser juzgadas por hacer oír su voz, que no quieren tener que escoger entre su carrera y sus hijos y que no quieren ser consideradas menos por el hecho de ser mujer.

Mi madre es mi heroína y mucho más que una amiga. Ha sido mi fuerza, mi sustento y mi mentora. Estoy seguro que muchos hijos e hijas comparten esta visión con sus propias madres, y es por eso que el lugar de la mujer en México tiene que cambiar. Tiene que dejar de ser vistas como un objeto más comenzar a ser tratadas como lo que ellas quieran ser tratadas.

-Dedicado a Elsa Hinojosa Carrillo. Te amo mamá.

Por Luis Manuel Saavedra Hinojosa