Decía mi padre “cae más pronto un hablador que un cojo” por eso siempre me recomendaba nunca afirmar “de esa agua no beberé”.

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Esta sabiduría popular parece que nuestro Gobernador Enrique Alfaro no solo, no la conoce, ya que a últimas fechas son notorias y frecuentes estas contradicciones.

Esto en relación al endeudamiento que propone para el Estado de Jalisco , por 5, 250 mil millones pesos, el cual sumado a la deuda actual y renegociado se va a pagar en 25 años, del total de la deuda no hablamos pues en el documento que entrega al Congreso da una cifra y en sus declaraciones menciona otra.

Quién olvida cuando era oposición el primero de marzo de 2013, cuando acusa al PAN y al PRI, de hipotecar al Estado, por endeudarse por 2,500 millones de pesos, de decir que era un día triste para Jalisco y para los Partidos que lo aprobarían le sobraron adjetivos, entre otros, los acusa de ver solo por sus intereses, de faltar a sus promesas de campaña, de fallarle a Jalisco.

Hoy que es Gobernador, se olvida de sus dichos, se olvida que endeudar a Jalisco por 25 años es una irresponsabilidad, hoy que pide más del doble de dinero que cuando acusaba a PRI y PAN de hipotecar a Jalisco, de salir por la puerta de atrás de la historia y otras linduras más que hoy lo describen a él de manera exacta y clara.

Hoy que tiene un Congreso con la mayoría de diputados de su partido, que carecen de voluntad y decencia para oponerse o al menor recordarle el daño que le hacen al Estado, con aliados de otros Partidos que se venden al mejor postor, esperamos que la dignidad la mantengan esos partidos tan criticados e insultados aquel primero de marzo de 2013. PRI Y PAN, recuerden que “así paga el diablo”.

Esperamos que en la comparecencia de los Secretarios ante el Congreso para justificar este endeudamiento, al menos sean serios y se sigan los procedimientos y se busque lo mejor para Jalisco, que no sea una repartición de la piñata o una farsa como comúnmente lo han hecho, donde se ponen de acuerdo los coordinadores y el resto solo levanta el dedo.

Ricardo Sánchez