Por Juan Carlos Hernández A.

 La caridad es una de las tres virtudes teologales, junto con la fe y la esperanza. La mayoría de la gente entiende que la caridad es dar dinero y ayudar a los pobres, y si, ello es una forma de su sentido, pero el valor de la caridad va mucho más allá.

En el mundo de hoy se ha manifestado grandes y nobles acciones de personas comunes que, en su intención le han puesto un agregado necesarísimo para la consecución de su fin: la caridad. Y es que sin esta virtud sería imposible hacer grandes obras y trato hacia el prójimo; tanto que usted y yo hemos recibido en el transcurso de los años. El asunto es si la estamos practicando para con los demás.

En esta virtud se expresa también la bondad de “haz el bien sin mirar a quien”

Se es caritativo al escuchar los problemas de un amigo y le brindas de tu tiempo, aunque estés ocupado, dándole consuelo o un buen consejo, ejercemos caridad cuando ayudamos a compartir nuestra experiencia con los demás, caridad es prestar ayuda al que alguna vez te hizo daño, pero que pasa por momentos difíciles.

Caridad es desprenderse de aquello que tienes para dárselo a quien lo necesita más que tú; pues la caridad no debe ejercerse con fines egoístas porque pierde su valor para convertirse solo en presunción. La caridad auténtica debe nacer de un deseo sincero de ser útil, y no para quedar bien con los demás.

Cada acto de caridad que se práctica engrandece y nos hace mejores personas, porque mientras exista la caridad, también podrá haber fe, esperanza, amor y enaltecimiento de todos aquellos valores que nos hacen dignos de llamarnos seres humanos.

Hoy día el mundo no necesita mártires de la caridad, sino más bien héroes, que realicen actos en el día a día en beneficio de los demás; la caridad todo lo da, todo lo entrega, lo puede y todo lo perdona, es la mayor de las virtudes que deberíamos ejercitar y con ello bien lograremos encontrar la perfección humana, la habilidad y la destreza que nos ayude a desarrollarnos como personas de bien.

Ahora es tiempo de ser mejores, desde la familia, la escuela el trabajo y el oficio que ejercemos, si lo hacemos con caridad con toda seguridad aspiramos a cambiar nuestra precepción de los hechos y a la vez la percepción de las relaciones humanas. Dar ejemplo de que somos buenas personas, es sin duda una muestra de la madurez que mostramos cuando tratamos de ser caritativos.

Las personas no son mejores por poseer riqueza, poder o autoridad. No. Son mejores cuando aún teniendo ello, se muestran humildes y hacen de la practicad de la caridad una virtud un día y otro también.

La obra exterior sin caridad no aprovecha, pero lo que se hace con caridad, por poco y despreciable que sea, se hace todo fructuoso: Thomas de Kempis.