Por Juan Carlos Hernández

Las personas por lo general opinan mucho y saben poco, por el contrario hay quienes saben mucho y opinan poco, es probable que se deba a la formación del carácter, la prudencia y la educación recibida o normas aplicables, pues como escribe Jaime Balmes: «No es más difícil atacar las opiniones ajenas pero si sustentar las propias: porque la razón humana es tan débil para edificar, cómo formidable ariete para destruir».

El humano por naturaleza, nace apenas aprendiendo a subsistir y  sus propios instintos de sobrevivencia y desde pequeño amamanta para alimentar ese frágil y pequeño ser, de tal modo que poco a poco va entonces entendiendo cómo hacer para vivir.

Pero también va buscando la forma de hacerse entender, de allegarse de información factual y creíble para tomar sus propias decisiones y actuar de la mejor manera posible.

Así, entonces es que va adquiriendo conocimientos, experiencias y aprendizajes que, le van abriendo camino para ser el mejor en lo que haga y en todo momento buscando la perfección, ante la condición de su propia naturaleza imperfecta.

Es entendible que todos tenemos diferentes formas de pensar, de discernir y de tomar actitudes en y de la mano con las fuentes de documentos, charlas, libros y la escuela misma, que nos hacen pensar y conocer lo más cercano a la verdad, la justicia y la bondad; es ahí donde asoma la  plena libertad de hacer y actuar, de formación de un carácter que nos hace diferentes al resto de la sociedad, carácter que nos ayuda a diferenciarnos de la estulticia humana y por lo tanto de no ser iguales.

El carácter ayuda a la conciencia y la conciliación con el «otro», es sin lugar dudas una forma de entender las debilidades humanas por las que imitando al Rey Salomón, debemos tomar juicio cierto y sabiduría para comprender y entender al prójimo en la inteligencia de forjar el carácter propio y así estar en posibilidad de ayudar.

Hacer de nuestra personalidad una virtud asidua en la formación del carácter nos aliviará muchas penas, y nos evitará más  desaciertos en nuestro proceder en el día a día.

Pues «la firmeza de voluntad es el secreto de llevar las empresas más arduas; con esta firmeza comenzamos a dominarnos a nosotros mismos» (Jaime Balmes, El Criterio).  No desistir en la vida, forjar nuestro carácter hacia el bien obrar y contagiar de ello a propios y extraños; revertir la ociosidad, el morbo y todo vicio que impide el crecimiento personal, multiplicar nuestros talentos, ser mejores para sí mismos y hacia todos. El país necesita de gente con carácter, para hacer Patria, para formar a  las  juventudes también en su propia Formación del Carácter.

Hágale pues!