La sociedad contra la corrupción

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Por Luis Manuel Saavedra Hinojosa

Siempre que a los alumnos nos dicen que en México las cosas necesitan cambiar, que la impunidad tiene que parar, que tenemos que acabar con la influencia del narcotráfico y la corrupción en México; nosotros lo único que hacemos es preguntamos ¿cómo?.

La mayoría de las veces, sin preguntar ni recibir una respuesta directa, regresamos a nuestros hogares sin saber qué puede hacer la sociedad civil (aquella que no tiene puestos políticos importantes o influencia en el gobierno) para mejorar el país.

En otras ocasiones escuchamos “no apoyen al narcotráfico”, “no compren droga” como respuesta, aun cuando todos sabemos que el narcotráfico se mantiene de muchas más formas que solo vendiendo droga, desde la posesión de antros y clubes, hasta por medio de tratos ilícitos con el gobierno. Otras veces nos dicen “manténganse firmes”, “no caigan en la corrupción” como si el profesor o profesora le estuviera hablando a toda la juventud mexicana y como si todos los que forman parte de esta estuvieran dispuestos a escuchar.

En fechas recientes, varios sectores del pueblo mexicano parecen más abiertos que nunca a actuar con violencia, tanto contra el narcotráfico como contra la corrupción del gobierno; esto se ve en la manifestaciones, en los disturbios, en las auto defensas y en la quema de la puerta del palacio nacional el 9 de noviembre del año pasado.

Esto simplemente no va a funcionar. No sirve de nada quemar edificios ni vandalizar calles para eliminar la corrupción del país. No se puede enfrentar al narcotráfico con escazas armas y machetes que a los criminales les proporcionan de sobra. Algunos todavía apuestan por las marchas y la resistencia pacífica, cosas que el investigador y académico Edgardo Buscaglia describe como la mejor forma para hacer frente a estas problemáticas.

Cuando se le preguntó en la página latino americana de DW sobre la clase de estrategia que la sociedad civil mexicana debería de seguir para hacer frente a los carteles este respondió: “Los ciudadanos tienen que comenzar a salir a las calles y paralizar el sistema económico pacíficamente, obligándolos puntualmente a que comiencen a limpiar el Estado mexicano, que cuenta con políticos vinculados a diferentes grupos criminales legalizados como empresas legalmente constituidas y políticos ligados a grupos criminales.”

Sin embargo, muchas personas dicen que eso es lo que se ha hecho hasta ahora y que simplemente no ha resultado, que las marchas simplemente son ignoradas y la resistencia es suprimida.

La razón de dichos fallos es simple: aunque es mucha la gente que se manifiesta a diario, el pueblo no se encuentra unido ni organizado, las grandes marchas se disipan en poco tiempo y las pequeñas se encuentran dispersas en varios rincones del país si recibir apoyo de otros sectores.

La resistencia pacífica es la solución, más esta no llegará a ser efectiva hasta que todos aceptemos la realidad; hasta que la clase media deje de mirar a las cifras macroeconómicas como la realidad económica de México y se fije en las comunidades marginadas y empobrecidas por la corrupción. Que dejemos de ver a la gente que ha muerto por causa de la violencia en los últimos años solo como una noticia más sino como una desgracia que pudo haberse evitado y que continúa hasta la fecha. Solo cuando, tanto afectados como aquellos que no han tenido la mala suerte de ser víctimas de estos problemas, se unan y se organicen, se podrá crear una verdadera resistencia pacífica que atraiga la atención de la comunidad internacional.