* Por JUAN CARLOS HERNANDEZ A.

 La diversidad de ideas nos da para pensar que la mexicanidad es intrínsecamente, diferente en varios tópicos que nos hacen sentir y ser tan separados, aunque no en todo, pues tenemos ciertas características que nos unen, tales casos son en las desgracias, en las festividades y en tradiciones, y con ello en la participación en democracia.

Analizar la historia de la democracia en México resulta muy útil para entender de dónde venimos, pero, sobre todo, cómo estamos y que esperemos en un futuro próximo; la práctica de la democracia efectiva en el país tiene poco más de tres décadas y en ella se ha demostrado la manera de elegir a uno y otro, y otro más, partido político en la silla presidencial, y más plural en diputaciones, senadurías, gubernaturas, y municipios al interior de las entidades federativas.

El poder de la participación política es tal que se convierten los votos en nuevas y nuevos funcionarios de la administración pública en sus tres niveles, y este poder ciudadano se utiliza de la mejor manera de expresión en un país que goza de libertad plena, es así como cada periodo se vuelve a otorgar la oportunidad de que las y los mexicanos puedan elegir a sus representantes para los puestos de elección.

El asunto es pues perse, loable, dinámico y hasta contagioso cuando las y los electores se disponen a escuchar, analizar y diferenciar la oferta política, encarnada en personajes de disímbolas ideologías, -porque la propaganda vende eso- promesas a futuro. En ese sentido mucho tienen que ver los “atractivos” no ciertamente físicos, sino intelectuales, de las y los candidatos para convencer a quienes los podrían elegir para que en su oportunidad les gobiernen, les representen.

Así pues, la participación de la ciudadanía es tan importante, porque si hablamos de democracia, pues ahí facultan y dan legitimidad a quien limpiamente gana una elección; empero no para ahí solo en elegir, no; deberíamos ocuparnos luego de las elecciones a dar seguimiento como sociedad cohesionada, a las y los funcionarios públicos para que cumplan su responsabilidad, esa que asumen cuando toman protesta, ello a veces amable lector, no esa así.

Ahora que, si bien las democracias se enriquecen de procedimientos claros y transparentes, su fortalecimiento depende de la actitud de los actores políticos, del respeto y de su apego a las reglas del juego, es aquí donde no encontramos en una contienda electoral y a veces en las demás tampoco, el compromiso de ganar a la buena, pero sobre todo perder por las buenas y aceptar con humildad que así fue; digamos que se le llame respetar la voluntad de los electores.

Entonces el rol, actuación, desenvolvimiento, civilidad, educación y nivel de ética resultan muy importantes en los siguientes meses para ver un verdadero cambio de las y los candidatos, que motiven al respetable elector a elegirlos por su congruencia, valores, iniciativas y mejores propuestas bien planteadas con soluciones reales, no podemos seguir con retoricas repetitivas y trilladas de siempre. La gente cada vez más es analítica, con la información que posee.

México es reconocido en el mundo por su robusto sistema de partidos y también por sus instituciones electorales sólidas. Por lo que: participación ciudadana, democracia y actores políticos son los temas que invariablemente estaremos viendo en ¿ya? y los siguientes meses, porque parece que junio esta lejos, y no es así, está más cerca de lo que usted y yo pensamos. Vamos a esperar qué viene, y de ahí pensemos qué hacer 95 millones de electores para el 2021, que hermosura que se ejercieran y plasmaran esos votos… ¿no cree usted?

*El autor es Máster en Gestión Social y Políticas Públicas.