Vivimos en un estado que le ha dado la bienvenida a la pluralidad en todos los órdenes

Enrique Velázquez

 

No es cierto que la sociedad jalisciense sea conservadora. No es cierto que sea una sociedad intolerante, cerrada y demás adjetivos que a veces nos ponen en otros rincones del país. Tampoco es cierto que seamos una sociedad homogénea, que pensemos lo mismo y que veamos la vida igual. Por el contrario, vivimos en un estado que le ha dado la bienvenida a la pluralidad en todos los órdenes: el religioso, el educativo, el político y el moral.

Sabemos que hay distintos caminos para buscar la felicidad y entendemos que no es democrático imponerle a nadie creencia alguna. Los años del autoritarismo y del pensamiento único se fueron por las urnas y en las calles. Sin embargo, todavía están aquellos que piensan que en el Jalisco de hoy se puede imponer una forma de entender la familia y los valores. En pocas palabras, todavía piensan algunos que quienes no son como ellos, son prácticamente anormales.

No, señores, Jalisco ya es distinto. A los números me remito: casi 700 mil habitantes de Jalisco viven actualmente en unión libre, es decir, no están ni casados ni en concubinato, y prácticamente 400 mil son divorciados o separados. A esta cifra hay que añadir que una cuarta parte de los hogares son llevados por una mujer, cifra que ha crecido tendencialmente desde el 2000 en todo el país.

Asimismo, encuestas realizadas por la casa de opinión Alternativa Gubernamental en Jalisco, o por Parametría a nivel nacional, muestran que la mayoría de los habitantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara (en el primer caso) y del país (en el segundo caso), están a favor de que existan figuras que protejan el derecho de todos y de todas a unirnos con quien nosotros decidimos. Y por qué no habrían de estarlo, son figuras que no le quitan derechos a nadie, todo lo contrario, le otorgan derechos a todos.

A pesar de que ciertos políticos conservadores no quieran escucharlo, el Jalisco de hoy vive de distintas formas. Ya sea por elección o por obligación, pero existen casos muy dramáticos donde personas de carne y hueso, como ustedes y como yo, se han visto en complicaciones jurídicas, económicas y sociales de mucha gravedad por el simple hecho de mantener la discriminación que ahora existe en la ley.

La libre convivencia, iniciativa para dotar de certidumbre jurídica a todos los que desean formar un hogar común que presentamos en abril pasado, es el antídoto contra esa discriminación. No tocamos el matrimonio ni la adopción, somos respetuosos de ambas figuras. Y por ello, porque nuestro objetivo nunca ha sido vulnerar la sensibilidad de nadie, nos fijamos en las leyes, no en los nombres, en asegurarnos que los derechos de todos sean protegidos a cabalidad.

En los Estados Unidos de los cincuenta ya existían millones de habitantes que pensaban que sus compatriotas de piel negra debían tener los mismos derechos; en el México de los cuarenta, ya había miles de mexicanos que pensaban en las mujeres como sujetos políticos que debían tener derecho al voto y a la participación. Esa es la terrible realidad, los políticos siempre llegan tarde a los temas que la sociedad ya comenzó a digerir. En las calles ya no hay la homofobia de antes y en oficinas, escuelas y hasta en los antros conviven homosexuales y heterosexuales como debe ser en un país abierto del siglo XXI. No dejemos que los conservadores vuelvan a ganar esta batalla. Demostremos que somos más los que queremos la igualdad y la libertad