FRANCISCO JIMÉNEZ REYNOSO

El sueño acariciado por al menos los últimos tres presidentes de México fue consumado por Andrés Manuel López Obrador. Contrario a lo que prometió en campaña: “abrazos no balazos”, para apaciguar las aguas de un país convulsionado por la violencia. Me pregunto si tienen idea los actuales gobernantes del tamaño del monstruo que es la delincuencia organizada. Sin tomar en cuenta la delincuencia común y semi organizada.

Tan solo se hizo pública la noticia de que por decreto presidencial se incorporaban las fuerzas armadas a la Guardia Nacional, no se hicieron esperar las reacciones de los grupos organizados a lo largo y ancho del país, quienes ya tienen sentadas sus bases y de facto en grandes regiones imponen sus propias leyes. En no pocas regiones de México, tienen arrodilladas a las autoridades de los tres niveles de gobierno. Los mensajes son claros: “aquí no se metan”… lo dicen de forma categórica y firme. Mostrando músculo con capacidad de respuesta con logística, armas y personas.

Ahora bien, recordemos que desde hace más de una década el ejército en México ha estado en las calles en nuestro país. Contrario a lo que establecía nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en los artículos 21, 29, 129, por mencionar algunos. Recordemos que en innumerables ocasiones el ejército mexicano ha combatido y en ocasiones abatido a carteles y capos en nuestro país.

Sin embargo, todos estos operativos eran de facto, mas no legales, pues eran contrarios a lo que establecía nuestra Ley Suprema.

La pandemia en México no ha frenado ni menguado la violencia e inseguridad en nuestras calles… por el contrario, se está agudizando y es preocupante.

Las fuerzas armadas en México se incorporan a la Guardia Nacional, ya que no pudieron con el paquete y la medida viene a reforzar a las instituciones relacionadas con la prevención de delitos, así como el combate a la delincuencia en todas sus modalidades. Sin embargo el riesgo es preocupante pues se desnaturaliza de jure a las fuerzas armadas. Cierto es que el decreto presidencial les da certidumbre y certeza legal en su actuar, como no lo hacían las administraciones pasadas, sin embargo exponen a las fuerzas armadas en temas como el respeto a los derechos humanos, y es muy importante la capacitación que deben recibir, pues en todo momento deben apegarse a derecho y respetar el debido proceso. De ninguna manera es un cheque en blanco para que hagan a su antojo justicia, pues deben sujetarse al sistema legal que se desprende de la misma Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

La participación de las Fuerzas Armadas será de manera extraordinaria, y regulada, fiscalizada, subordinada además de complementaria con la Guardia Nacional, en las funciones de seguridad pública a cargo de la misma, durante el tiempo en que dicha institución policial desarrolla su estructura, capacidades e implantaciónn territorial. La vigencia de la participación del Ejército y Marina está pactada para concluir el 27 de marzo de 2024.

Gran responsabilidad tienen los hombres de las fuerzas armadas, pues tendrían que comenzar con la investigación, y detención de la delincuencia de cuello blanco, que en algunos casos ya está enquistada en la “administración pública” desde hace varios años.

– Doctor en Derecho. Integrante de Observatorio de Seguridad y Justicia, Benemérita Universidad de Guadalajara.