FRANCISCO JIMÉNEZ REYNOSO

La situación de los niños (as) en México y Jalisco, sigue siendo preocupante. No hemos podido entender, que el daño que se le hace a un niño es irreversible y en ocasiones graves o hasta fatales consecuencias. Lamentablemente el maltrato y explotación infantil parecen estar normalizados en Jalisco. Lo podemos constatar en muchos cruceros de nuestra zona metropolitana, así como en el interior del Estado. Pareciera ser que una mafia tolerada por el gobierno en turno, entrena, a cientos de niños para explotarlos. En estos momentos el común denominador son los niños malabaristas (con pelotitas principalmente, en ocasiones con naranjas). Estos niños en ocasiones andan descalzos…

La gran mayoría de estos niños, pertenece a los pueblos originarios de México, asentados principalmente en Jalisco. Grupos en teoría vulnerables, que deberían de contar con la protección absoluta del gobierno en sus tres órdenes. Sin embargo hay  desplazamientos forzados de cientos de personas pertenecientes a estas comunidades y no hay quién hable a favor de sus derechos constitucionales.

Un flagelo más que viven los niños en México es la explotación sexual, así como los abusos en su contra y que el común denominador es la impunidad. Prácticamente no hay sanciones.

La cifra negra sobre a abusos sexuales a menores de edad es incuantificable, sin embargo, podemos estar seguros de que tan solo se denuncia un mínimo de la realidad de lo que sucede en México en torno a estos delitos. Más grave aún resulta que de esos pocos delitos que denuncian, hay una conducta sistemática que revictimiza a los niños y a sus familiares, tal como lo revelan los siguientes datos duros citando como fuente al INEGI.

En cinco años, solamente 5 cinco de cada 100 denuncias por abuso sexual y violación concluyen en una sentencia. Traducido de otra forma: tan solo de los pocos delitos que se denuncian, el 95 por ciento permanece impune. Y es que, denunciar un delito de este tipo no es fácil… las víctimas saben a lo que se exponen (revictimización, indiferencia, burlas, y un largo etcétera).

La mayoría de las denuncias ni siquiera han iniciado un proceso penal. Pues solamente la quinta parte son enviadas a los juzgados de oralidad, los demás casos se quedan en algún cajón de los agentes del Ministerio Público, en el mejor de los casos como indagatorias que se “están investigando” (es un decir), o de plano fueron archivadas.

Evidentemente con estos resultados resulta evidente la casi total ineficacia del aparato de justicia en México, pero más grave resulta conducta institucional y por que no decirlo hasta social que acepta y tolera estas conductas delictivas. Una conducta  sexual en contra de mujeres y niñas que ha sido normalizada y aceptada. Quizás no se llega al extremo de aceptarla “costumbre” abiertamente, pero se admite y tolera en términos generales.

Según el INEGI, en cuatro años se denunciaron 144 mil 586 delitos de posible violación y abusos sexuales en todas sus modalidades, lo que equivale a 79 ataques cometidos y denunciados al día. Como lo habíamos comentado, sin contemplar la cifra negra que es una de las más altas por la naturaleza del delito.

Hay un estimado de la cifra negra, que señala que más del 94 por ciento de este tipo de delitos ni siquiera se denuncia. Lo que nos habla del tamaño del problema.

Hay una simetría entre la poca efectividad de las instituciones encargadas de administrar y procurar justicia y la cifra negra, una combinación fatal para las víctimas de este delito.

Por lo anterior, resulta urgente que las autoridades se vuelquen a resolver esta problemática desde diferentes ángulos, como la prevención, así como la contratación de personal suficiente y capacitado para resolver conforme a derecho este flagelo que lacera a miles de menores de edad.

– Doctor en Derecho. Integrante de Observatorio de Seguridad y Justicia. Benemérita Universidad de Guadalajara. “Piensa y Trabaja”.