Redacción

Cuando Arun Gandhi era un niño miró detenidamente su lápiz viejo, corto y desgastado, y decidió que merecía uno nuevo, uno mucho mejor. Así que lo tiró en la calle y corrió a pedirle uno nuevo a su abuelo Mahatma Gandhi, pues, supuso, se lo daría así sin más; pero se equivocó.

El gran activista y filósofo de la India no escatimó en darle una lección a su nieto, misma que sigue resonando décadas después.

“Me preguntó insistentemente que dónde lo había dejado, que cómo se me perdió, yo no entendía por qué hacía escándalo por un lapicito. Me dijo: ‘Sal, y búscalo’. Duré como dos horas y cuando lo encontré y se lo llevé, me dijo que me sentara y que aprendería dos lecciones”, relató.

“La primera fue que, incluso el objeto más pequeño necesita de muchos recursos naturales para ser creado, y si no se respeta eso, entonces hacemos violencia contra la naturaleza. La segunda fue que en una sociedad como la nuestra, en la que podemos comprar todo a granel, somos responsables de que nuestro consumo masivo provoque que otros vivan en pobreza, y eso es violencia contra la humanidad”, refirió.

Estas primeras enseñanzas que han permanecido en la mente de Arun Gandhi fueron compartidas la tarde de este domingo durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), donde este activista sociopolítico se presentó ante un público reunido en el Salón 5 de Expo Guadalajara.

Fue el Rector del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH), Juan Manuel Durán Juárez, quien le dio la bienvenida a este descendiente de uno de los personajes más memorables de India, país invitado de honor de la FIL 2019.

Arun Gandhi añadió que ambas enseñanzas sólo fueron el comienzo de una serie de tareas que le encomendó, y que le ayudaron a comprender el génesis de la violencia.

“Después, me hizo dibujar un árbol genealógico de la violencia, que se dividía en dos: la pasiva y la física, y cada día yo debía examinar todo lo que había experimentado o vivido en el día y examinado sobre el lugar correcto que ello correspondía en este árbol”, externó.

“La violencia pasiva es el combustible de la violencia física, y entonces, para apagar el fuego de la violencia física, tenemos que cambiarnos a nosotros mismos. A menos de que no veamos cómo contribuimos a la violencia diaria, no podremos darle paz al mundo. La paz es crear armonía en la sociedad y parte de establecer relaciones entre nosotros”, compartió.

Dijo que en la búsqueda de la paz no se debe ver a los otros como enemigos, sino como amigos a los que hay que transformar mediante el amor y el respeto.

Este tipo de enseñanzas, expresó, son las que su abuelo le dejó y que desea esparcir a otras latitudes.

Durante la conferencia precisó distintos momentos históricos de cómo su abuelo constituyó su filosofía de paz, debido a duros momentos en los que fue testigo y víctima de distintos tipos de violencia y odio.

Durante la sesión de preguntas, una decena de asistentes cuestionaron al activista; algunos preguntaron sobre cómo proceder con dicha filosofía en situaciones de violencia, como las que se viven en Latinoamérica. A lo que respondió que la sociedad no se debería centrar en el castigo de las personas que cometen algún crimen, para así solucionar el problema; sino que lo importante es enfocarse en lo que originó que esos individuos actuaran de dicha manera y detener el círculo de violencia.

“Tenemos que aprender a crear relaciones de respeto, aceptación y apreciación; tenemos que respetarnos a nosotros, a los demás y también la conexión con todas las creaciones. Somos parte de la creación, y sólo así entenderemos quiénes somos, dónde estamos y hacia dónde vamos en este mundo”, concluyó.