Redacción

Una espectral mujer, que parece surgir del fondo de una habitación, se muestra imponente en el dibujo al carboncillo llamada Autorretrato.

Esa mujer es Martha Pacheco (1957-2021), la artista plástica tapatía cuya obra ha confrontado e interpelado al público sobre temas como la locura, la muerte, el miedo, a lo largo de cinco décadas, pues ella se caracterizó por poner como protagonistas a quienes han sido exiliados o marginados en la sociedad.

Autorretrato fue la obra que acompañó al cuerpo de Martha Pacheco durante la sentida ceremonia para decirle adiós, realizada en el patio del Museo de las Artes (MUSA) de la Universidad de Guadalajara y a la que acudieron alrededor de 130 personas.

La sorpresiva noticia de su fallecimiento dejó una estela de conmoción en la comunidad artística y cultural de Jalisco, cuyos integrantes, así como amigos y familia de la artista, se dieron cita este martes al mediodía en el recinto universitario para despedirla.

“Esta mañana, la UdeG rinde un respetuoso homenaje póstumo a una de las figuras trascendentes en la historia de la plástica de Jalisco, integrante de la colección permanente del MUSA”.

“Ella desarrolló un lenguaje personal de gran contundencia. La muerte, la soledad, los desarraigados fueron las motivaciones, que, en conjunto con una gran capacidad técnica, queda un legado para Jalisco, como un amplio y valioso acervo”, dijo el Coordinador de Artes Plásticas, Visuales y Digitales de Cultura UDG, Ricardo Duarte, quien encabezó la ceremonia.

En el homenaje estuvo presente la Secretaria de Cultura de Jalisco, maestra Lourdes Ariana González Pérez, quien rememoró la predilección de Martha Pacheco por retratar a personajes con gran sensibilidad.

“Con su obra nos obligó a mirar a aquellos a quienes no nos cuesta reconocer, quizá por miedo, por ignorancia o vergüenza. Siempre encontró cimbrar a la sociedad con mensajes tan profundos como necesarios”.

La funcionaria estatal recordó que en 2019 presentó la muestra Ecos de la calle, en el Ex Convento del Carmen, donde expuso 16 dibujos de personajes de trabajadores urbanos retratados.

“Martha Pacheco reflexionó, a lo largo de su trayectoria artística, sobre la muerte con un realismo asombroso, sin filtros. Hoy ha reunido a la comunidad cultural, a sus amigos, familias y gran cantidad de aprendices que tuvo durante su generosa vida. Ha dejado una huella imborrable en las artes plásticas en México”, recalcó.

Para la curadora y Directora del Museo de Arte Raúl Anguiano (MURA), maestra María Fernanda Matos Moctezuma, Martha Pacheco fue una mujer que no dudó en romper la solemnidad de la muerte y los hospitales psiquiátricos para crear un arte confrontativo.

“Abrió las puertas de la morgue y el hospital psiquiátrico rompiendo con el signo sagrado del cadáver y la locura. El cuerpo como metáfora, Martha nos enseñó la muerte a través de los muertos y la locura a través de los locos y nos mostró su abandono social”.

“Desde los años 80, los cuadros de Martha Pacheco han sido ventanas para penetrar el mundo cohibido de los marginados”, recalcó Matos Moctezuma.

La pérdida de Martha Pacheco, a decir de Matos Moctezuma, es irreparable, de la que sólo quedará el vestigio de la maestría de su técnica, que seguirá conduciendo hacia una estética de horror deleitoso, que conjuga el erotismo con el morbo en el lienzo, “dando testimonio del anonimato, el encierro y la violencia”.

La menor de las y los hermanos de Martha Pacheco, Milagros, agradeció las muestras de cariño y apoyo hacia la artista, quien será recordada por el legado y calidad humana que se imprimió en la memoria de sus amigos y el público en general.

“Sabemos del amor y la amistad que tenían todos ustedes. Sabemos que Martha va a estar siempre con nosotros a través de su obra”.

“Martha no es de nosotros, sino de Jalisco. Todo lo que ella pudo dar en vida va a perdurar por todo el tiempo”, recalcó Milagros Pacheco, quien agradeció en nombre de sus hermanos Arturo, Federico, Rocío y ella.

Dos veces se escuchó una serie de aplausos que parecían eternos. Aquel gesto estuvo enmarcado por docenas de rosas de color rosa que tapizaron su féretro y que uno a uno fueron colocando los presentes, para decir a la tapatía “gracias y hasta pronto”.