Redacción

El manejo de los sonidos y silencios fue clave para que la película Sound of metal obtuviera el Óscar al mejor sonido, en abril de este año, así lo constataron Carlos Cortés y Jaime Baksht, dos de los tres mexicanos que ganaron el Óscar por Mejor Sonido, con dicho filme, y que compartieron su experiencia en una conferencia magistral, en el marco de la edición 36 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG).

La película narra la historia de un joven baterista de una banda de música, quien empieza a perder audición. La película fue dirigida por Darius Marder, y se llevó una segunda estatuilla en la categoría de mejor edición.

El espectador cuando ve la película se identifica con tres situaciones características: el diseño sonoro senso-normal, el diseño sonoro con una audición reducida y con el audio extendido debido a los implantes cocleares.

Para una mejor actuación se metió al actor principal a una cámara especial que acalla el ruido del exterior, y entonces se empiezan a oír sonidos del cuerpo. “El cuerpo humano tiene sonidos y es una máquina muy ruidosa”, destacó Jaime Baksht.

Contó que el director y el artista sonoro colaboraron desde mucho tiempo antes. “Nosotros no estábamos involucrados. Entramos en un momento en los que ellos ya tenían un análisis bastante grande de las maquetas de la película”.

Jaime Baksht llegó, miró la película pegada y corrida, y se percató del trabajo que tenía que desempeñar, ya que, de acuerdo a lo que se estaba armando, no reflejaba esa sensación de cuando el personaje principal se empieza a quedar sordo.

En el momento en que el personaje está bien, antes de la pérdida auditiva, se intentó que todos los sonidos que acompañan la acción estuvieran puestos de la manera más realista posible, y se buscó la naturalidad de las voces.

En cuanto al proceso de pérdida auditiva, se tuvo que hacer de una manera sumamente paulatina, ya que el personaje no se vuelve sordo de un momento a otro. Hay un momento en que se sorprende, y después va perdiendo la audición. Luego se hizo mucho hincapié en que el personaje no nació sordo, tiene memoria auditiva, y había que trabajar en ello.

“Esto quiere decir que si todos ustedes piensan en el mar, y cierran los ojos. A lo mejor lo oyen o si de repente pasa una ambulancia, aunque no la vean les va a evocar algo de ansiedad”, señaló.

“Teníamos a nuestra disposición material que no cotidianamente se registra en los micrófonos de contacto, y tratamos de abordar lo que normalmente desecharíamos. Teníamos material de origen muy interesante que se apegaba mucho a la realidad”, agregó Carlos Cortés.

Describió un proceso de prueba y error, en el cual hay que buscar el lenguaje. Se van metiendo aspectos de lo microscópico a lo macroscópico, entonces se tiene que ver cómo se perfila en un primer instante, y cómo se va concatenando con el resto de los elementos.