Redacción

Derivado de la pandemia, la educación superior tiene el reto de implementar un modelo híbrido que aproveche y combine lo mejor de la virtualidad y la presencialidad, señalaron especialistas que participaron en la Conferencia inaugural del ciclo escolar 2021A: Retos y oportunidades de la educación superior frente al COVID-19, organizado por el Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), de la Universidad de Guadalajara (UdeG).

 Incluso, algunos de los retos, persisten como, por ejemplo, aumentar la cobertura de educación, así como mejorar la calidad y relevancia de los contenidos educativos y el financiamiento y los presupuestos de las instituciones de educación, indicó el Doctor Honoris causa de la Universidad de Guadalajara, Francisco Marmolejo-Cervantes.

 “Estos retos y oportunidades no son en general nada nuevo, la mayoría son retos que ya veníamos presentado desde tiempo atrás y no estaban siendo atendidos. Los desafíos ya estaban presentes y por la pandemia, no solo no desaparecieron, sino se pusieron de manifiesto y consecuentemente seguirán algunos quizá más exacerbados”.

 El también doctor en Educación Superior por la Universidad de Arizona, Recordó que, en México, antes de la pandemia, siete de cada diez jóvenes no tenían acceso a la educación superior y ahora con la pandemia ha habido aplazamiento o retraso en la conclusión de estudios.

 “Hemos aprendido rápidamente en la pandemia que es posible modificar nuestros esquemas de oferta de enseñanza-aprendizaje gracias a los medios tecnológicos, y entonces, sí existe la posibilidad de que podamos incrementar la cobertura de la educación superior utilizando medios no presenciales, en combinación con los presenciales, lo cual nos da una gran ventana para poder ampliar la matrícula de la educación superior en el caso mexicano. Respecto a la calidad y relevancia hemos aprendido que es urgente readecuar la manera de cómo lo hacemos”, subrayó.

El Coordinador General Académico y de Innovación de la Universidad de Guadalajara, Carlos Iván Moreno Arellano, recordó que los pronósticos de los especialistas, vislumbran que la pandemia se prolongará a 2022 o 2023, debido a la lentitud en la campaña de vacunación en México y por ende, se debe ir pensando en un regreso escalonado y bien cuidado a las aulas.

 “El tema no es esperar a que mágicamente haya condiciones, sino invertir para que haya esas condiciones en las escuelas y centros universitarios. Es preocupante que una apertura, o las condiciones en que puede haber una apertura o la gravedad de tener las escuelas cerradas y la mayor parte de las universidades, no está en la agenda pública de discusión como un tema de emergencia nacional”, añadió Moreno Arellano.

 Recordó que, de acuerdo con una encuesta aplicada por el Foro Académico Mundial, los estudiantes quieren volver a las aulas y el 49 por ciento cree que el mejor modelo para el aprendizaje universitario es el híbrido. En un estudio realizado con estudiantes de la UdeG, el 36 por ciento indicó que la Universidad debe transitar a modelos más flexibles, aunque el 68 por ciento, admitió que la modalidad en línea les generó mayor estrés y el 47 por ciento dijo que le afectó su avance académico.

“No podemos volver a ser los mismos, tenemos que ser mucho mejores. Esta escasa presencialidad, esperamos poder tener en algún momento de este año, aprovecharla al máximo para los aprendizajes y discusiones significativas, no solo la cátedra, esa la podemos tener en webinars y zooms y los profesores estamos para bien, obligados a transformar nuestras prácticas pedagógicas en el aula de clases”, apuntó Moreno Arellano.

 El Rector del CUCEA, Gustavo Padilla Montés, coincidió en la necesidad de impulsar un modelo hibrido. Para ello, consideró que los cambios deben darse de forma horizontal, y dirigidos estratégicamente.

 “Necesitamos partir de una evaluación diagnóstica más precisa. Y esto tiene que ver también con una educación inclusiva, que se convierta en una política de alta prioridad, en la que las desigualdades han marcado claramente las políticas económicas, sociales y educativas. Necesitamos medios para diseñar políticas educativas inclusivas. Debemos entenderlas y buscar soluciones. Y escucharnos entre nosotros mismos, desde abajo, dirigir el cambio para atender múltiples demandas y necesidades. Porque la educación inclusiva tiene que ver también con personalizar a la educación”.