Primera parte

Por Héctor Medina Varalta

 

El misógino lleva dentro de sí

Un pozo insondable de rabia.

Susan Forward

La palabra griega que significa: ‘el que ‘odia a las mujeres’: misógino (de miso, que significa ‘odiar’ y gyné, que significa mujer. Aunque hace cientos de años que la palabra forma parte del lenguaje, en general, se usa para referirse a asesinos, violadores y otros sujetos que actúan violentamente contra las mujeres.

Paradójicamente, el misógino es el hombre más romántico del mundo. Cuando corteja a la mujer de sus sueños, es sumamente amable: le abre la puerta del carro, le regala flores, en el restaurante, le acerca la silla para que se siente y la llena de detalles que a la mujer le parecen encantadores, ganándose así no sólo el afecto sino el amor de su galán.

El misógino tiene miedo a las mujeres

   Susan Foward, autora del best seller Cuando el amor es odio. Hombres que odian a las mujeres y mujeres que siguen amándolos, escribe: “La primera advertencia de que el Príncipe Encantador tiene su lado sombrío suele producirse durante u n incidente que parece insignificante. Lo que hace tan desconcertante el episodio para la mujer, es que, el encanto de su compañero de repente se convierte en furia, y ella se ve sometida a un ataque totalmente desproporcionado.

No obstante, para Foward, el misógino es un hombre atrapado en el conflicto entre su necesidad del amor de una mujer y el profundo temor que ella le inspira. Es por esa razón, que el misógino llega a la edad adulta tan lleno de miedo a las mujeres como a los intensos sentimientos que ellas le inspiran, estos mensajes culturales refuerzan su justificación para ser cruel.

Una cultura que, desde la Biblia en adelante, ha presentado a las mujeres como perversas, malignas y siniestras, ofrece a los misóginos abundantes razones para odiarlas, temerlas y vilipendiarlas.” La psicoanalista Karen Horney ha escrito: >>El hombre no se ha cansado jamás de encontrar expresiones para las violentas fuerzas que lo empujan hacia la mujer y, al mismo tiempo, para el terror de que ella pueda arrastrarle a la muerte o a la condenación>>.

Un ejemplo de misoginia

   En cierta ocasión, una mujer de 43 años acudió a terapia psicológica, pues no conseguido convencer a su marido le pagara los gastos del dentista. Su esposo no era pobre sino industrial y millonario, quien le asignaba la generosísima asignación de quince dólares cada semana, y la cuenta del dentista ascendía a 5 mil dólares. Asimismo, ella trabajaba para la compañía del marido sin percibir sueldo alguno, y era frecuente que él la humillara en presencia de los demás empleados.

Evidentemente, el problema específico era mucho más que la resistencia de él al a pagarle la cuenta del dentista. Por lo general, está comprobado que, lo que lleva a una persona a la terapia no es más que la punta del iceberg. Con frecuencia, los conflictos referentes al dinero, los problemas sexuales, la inestabilidad vocacional y las discusiones en torno a los hijos no son más que cortinas de humo que encubren a una relación perturbada.

Blancos adecuados para la hostilidad de los hombres

   Nuestras leyes e instituciones referentes a los derechos de las mujeres y a las prerrogativas masculinas están cambiando, pero muchos hombres siguen creyendo aún que su imagen masculina depende de su capacidad para dominar y controlar a las mujeres. Nuestra cultura refuerza esta idea presentando a las mujeres como blancos adecuados para la hostilidad de los hombres.

En la literatura, el cine y la televisión, los hombres usan a las mujeres no sólo como términos de comparaciones favorables para ellos, sino también como escudos y rehenes. Con escalofriante regularidad las violan, las maltratan o las matan. La pornografía presupone que la seducción inherente en una mujer justifica cualquier acto de sadismo físico y sexual que un hombre quiera cometer contra ella.

Un libro que debe leer toda mujer antes de formalizar una relación

   El libro de Susan Forward, está dividido en dos partes. En la primera describe cómo funcionan las relaciones que nos ocupan y por qué. Explota todos los aspectos de la interacción, desde la emoción y el romanticismo del comienzo hasta la confusión y el dolor que termina por experimentar cualquier mujer enamorada de un misógino.

Después se ocupa de los hombres y porque llegaron a conducirse como lo hacen, y también considera cómo y porque las mujeres acaban aceptando el trato que ellos les dispensan. En la segunda parte del libro propone una serie de técnicas de comportamiento eficaces que ha perfeccionado sobre los últimos años, y que pueden ser de mucha utilidad para introducir importantes cambios en la relación de las lectoras consigo mismas y con sus parejas. Estas técnicas les ayudarán a protegerse y ayudarse valer mejor, a ser más eficaces y a sentirse menos vulnerables a la manipulación, confusión y pérdida de confianza en sí mismas que siempre son el resultado de la asociación con un misógino.

Recuadro

En la década de los años 90 del siglo pasado, se rodó la película “Durmiendo con el enemigo”,  esterilizada por Julia Roberts y Patrick Bergin, donde este último interpreta a un psicópata y misógino. Todo empieza en una playa idílica. Laura Burnley 8Julia Roberts pasa las vacaciones con su marido Martín (Bergin) en una elegante mansión de la costa. Temprano por la mañana, Laura está recogiendo moluscos cuando se acerca su marido. >>Buenos días, princesa>>, le saluda con voz suave y ligeramente amenazadora. Laura dirige su mirada hacia él sonriendo; una sonrisa que todavía es cariñosa, pero que pronto se verá que puede haber sido forzada.

Ella está contenta porque piensa comer con su marido en casa, ambos solos y tranquilos, pero Martin le comunica que primero irá al trabajo y que por la noche comerán fuera. Laura está decepcionada, pero no protesta y deja de comer moluscos. Laura ha decidido el vestido que va a ponerse para salir, pero su marido le ruega que se ponga otro, y ella accede. Más tarde, al volver a casa, Martín pone la Sinfonía Fantástica de Héctor Berlioz, al ritmo de la cual, majestuoso y amenazante, viola a su mujer en la mesa de la cocina, puesto que ella lo rechaza.