Por Héctor Medina Varalta

«El gran descubrimiento de mi generación es que los seres humanos

pueden cambiar su vida al cambiar sus actitudes mentales.»

William James.

La relación con un misógino no es realmente satisfactoria, ni para el propio misógino ni para su compañera. Sin embargo, como ya hemos visto, la que sufre más es la mujer. El tremendo desequilibrio de fuerzas que hay entre ellos, y que a ella tanto daño le hace, los mantiene encerrados en una locura para dos. Por consiguiente, tener igualdad en el espacio físico requiere que el hombre acepte que su pareja puede tomar decisiones respecto a su propio espacio físico, que se compone de dos partes: la primera significa que la pareja puede manejar su espacio personal según lo que cree y considere más importante más conveniente para ella.

Este espacio incluye todas las actividades que ella quiera realizar con su cuerpo; por ejemplo, peinarse y vestirse como ella quiera; dormir donde quiera; expresar su cariño y compartir caricias con quien quiera, etcétera. Ella tiene la capacidad de decidir cómo usar sus espacios donde desarrolla sus actividades. Si quiere ir sola a bailar con sus amigas, si quiere leer sola en la recamara; descansar en el parque o trabajar en la noche. El hombre puede apoyar estas actividades y aceptar que ella tiene el poder de decisión para usar sus espacios como mejor le parezca.

La misoginia produce estrés

Citando una vez más a Susan Forward: “La historia familiar, las predisposiciones genéticas y potras diversas características personales y corporales determinan la forma en que se manifestarán en una mujer los síntomas físicos del estrés.

El estrés puede manifestarse en el tracto digestivo: úlceras, colitis, indigestión crónica y diversos tipos de trastornos intestinales. También puede aparecer en el sistema cardiovascular: dolencias tales como migrañas y dolores de cabeza, o trastornos incluso letales cuando encuentran expresión en la hipertensión arterial y las enfermedades coronarias.

Depresión y estrés

  “La expresión emocional más difundida es la depresión, que puede presentar formas diversas: sentimientos de tristeza, negatividad, soledad o incertidumbre forman parte de la condición humana, pero en una depresión grave, tales sentimientos lo invaden todo y se vuelven crónicos.

Es probable que algunas mujeres deprimidas sólo se den cuenta de que se sienten constantemente cansadas y aburridas. Quizá se quejen de falta de energía y entusiasmo: la depresión se les manifiesta ante todo como una incapacidad de sentir placer o alegría. Otras se refugian en un letargo, duermen muchas horas durante el día y todos sus sentimientos y reacciones parecen amortiguados. También las hay quienes experimentan aguda y directamente el dolor.

Síntomas de que hay algo mal

“Es probable que se pasen mucho tiempo llorando, y que estallen en lágrimas al menor estímulo. Pueden, además, a medida que la depresión se hace más profunda, tener deseos y fantasías de suicidio, que en algunos casos pueden llevar a la práctica. Pocas son las personas que admiten estar deprimidas, ya que creen equivocadamente que la depresión es signo de debilidad o deficiencia.

Aunque sólo sean unos pocos los síntomas siguientes pueden ser indicios de depresión: fatiga constante, aburrimiento, incapacidad para disfrutar de cosas antes placenteras, sentimiento general de tristeza, problemas con el sueño, ya sea por exceso o por insomnio, cavilaciones sobre el pasado,  y sobre cómo han salido las cosas, pesimismo sobre el futuro, pérdida de interés sexual, reacción excesiva ante hechos triviales, problemas de concentración y memoria, desinterés por la comida; marcada pérdida de peso, excesos en la mesa; marcado aumento de peso, irritabilidad extrema, descuido de la apariencia personal, frecuentes ideas de muerte.

Cómo se fabrica un misógino

Existen varios factores que hacen que un hombre se convierta en misógino. En artículos anteriores había escrito que el misógino es un hombre atrapado en el conflicto entre su necesidad del amor de una mujer y del profundo temor que ella le inspira. Cualquier hombre puede fabricarse en misógino: cuando su padre es misógino, cuando la madre es sofocante, cuando la madre es prepotente, cuando la madre lo rechaza, es castradora, histérica, dominante, controladora; cuando hay en el hogar una cultura de agresión hacia las mujeres, entre otros detonantes.

Para que el misógino quiera recuperarse, tiene que asistir voluntariamente a terapia  con un psiquiatra, psicólogo o psicoterapeuta; en su defecto, hay que saber abandonar la relación. A las lectoras que identifiquen a sus parejas como misóginos, les recomiendo muy ampliamente que lean “Cuando el amor es odio” de Susan Forward, pues lamentablemente la resistencia a la terapia del misógino la mayoría responden que la del problema es la mujer no ellos.

Ritual sanador

En el texto antes mencionado hay un capítulo titulado “Cómo se cura el pasado”, contiene varios ejercicios muy sencillos para poder liberarse de una relación malsana. Forward para reforzar los cambios, le sugirió a una de sus pacientes las frases siguientes, no sin antes entregarle un ramo de flores: “Vengo aquí a enterrar todas las cosas mezquinas y dolorosas que mi padre me dijo cuando era pequeña. Vengo aquí a enterrar mi avidez de ser aprobada y elogiada por él. En esta tumba entiendo también mi fantasía de que mi padre será, algún día, el padre que siempre he querido. Que en paz descanse.”