Por Héctor Medina Varalta

Este movimiento religioso o secta tienen otras denominaciones: Movimiento de Boston (nombre inicial), Iglesia de Cristo de Boston (desde 1983 hasta 1988). En México llevan por nombre Iglesia Internacional de Cristo (su sigla en inglés es ICOC) o Iglesia de Cristo en México. Esta iglesia se fundó en Lexington, Massachusetts por Kip McKean y por su esposa, una cubana de nombre Elena. El objetivo principal de esta secta es la predicación de la Biblia, paro interpretado a su modo. Se distinguen por tener una disciplina bastante rígida, pues todos los feligreses deben someterse incondicionalmente a la autoridad de sus dirigentes o del director.

Además, le tienen que confesar sus pecados con lujo de detalle. También son amonestados por no llevar más gente al lugar de culto, no haber aportado la cuota semanal. Por otra parte, tienen la obligación de pedir consejo al director para que éste les diga cómo deben vestir, cómo deben comportarse en el trabajo y en la escuela, el trato con el sexo opuesto.

La visita de Kip McKean

Cada vez que el fundador, Kip McKean (ya fue expulsado) visita alguna de sus iglesias, sus seguidores estallan en alabanzas y gritos de entusiasmo: “Hermano McKean, tú tienes a Dios”. Son tan hipócritas que cuando hay alguien quien se impacta, todos se inclinan ante McKean (tiene desfigurado el rostro). Inclusive, cada determinado tiempo manejan videos con grandes personalidades de los deportes y de la política que ya son miembros supuestamente de esa iglesia. Entonces, se hace notar que esas personas son más importantes que cualquier otra, forman parte de la iglesia.

Es como si les dijeran a los demás miembros: “Esas personas son mucho más importantes que tú y forman parte de la iglesia, tú que no eres nadie te están dando el privilegio de aceptarte. Tenemos el caso del famoso conductor de TV Azteca, Guillermo Cuesca a quien le frenaron un poco su carrera en un tiempo porque tenía relaciones con edecanes. “Inclusive-argumenta Carmen, una ex sectaria-cuando yo estuve estudiando la maestría, me pidieron que renunciara; las mujeres y los líderes me empezaron a hostigar para pedirme que ya no prosiguiera con mis estudios. Pero no acepté, porque la maestría es mi escudo”. “Si tú quieres-le decían-agradar a Cristo tienes que renunciar a todo”. El problema era que no podía estar a la hora que me indicaban por mi trabajo. A lo que los líderes le decían que renunciara a su trabajo. Yo me rehusé y empecé a tener problemas por eso. Es por esto que muchos miembros no trabajan y los que lo hacen, ayudan a quienes no trabajan.

Ofrenda anual

Cada semana el discípulo tiene que aportar el 10% de sus ingresos. Una vez al año se recolecta una “ofrenda especial”, consistente en la semanal multiplicada por un número establecido por los líderes (por lo general 18 o 20 veces la ofrenda semanal), aunque para ello el feligrés se vea obligado a buscar otro trabajo para cumplir las exigencias de su director. El proselitismo es absorbente y muy agresivo. Los días de culto, entregan una lista con los números telefónicos de las personas a las que se les ha invitado a la próxima reunión.

Como en cualquier otra secta, la Iglesia Internacional de Cristo, el iniciado comienza con una serie de “estudios bíblicos”, que contienen los principios básicos para ser miembro del grupo al mismo tiempo que se desacredita la formación religiosa anterior y se le lleva al convencimiento que no se es verdadero cristiano hasta que no se bautice en la “iglesia verdadera”. Es una estructura totalmente cuidada hasta el más mínimo detalle, para no dejar ver lo malo delante de la humanidad.

Pruebas vivientes

De acuerdo a nuestros entrevistados, Carmen y Manuel (se cambiaron los nombres por razones obvias) quienes pertenecieron a esta secta, la ofrenda es de lo más cruel de lo que uno se pueda imaginar; lo que sucede es que le piden a los miembros 20 veces más de lo que ganan los miembros en una semana. Por otra parte, si el feligrés tiene antigüedad tiene la obligación de ofrendar hasta cincuenta semanas. Hay familias completas que son muy humildes que no tenían ni para comer; lo que sucedía era que toda la familia tenía que andar en el centro vendiendo paletas o lo que fuera para reunir su ofrenda especial.

A los líderes no les importaba que esa familia no hubiera comido en tres o cuatro días; lo único que les importaba era que se reuniera la ofrenda especial para que los líderes que viven en el Distrito Federal siguieran viviendo como reyes viviendo en una mansión que nadie, ni siquiera nos hemos imaginado como está (Manuel la conoce). Es increíble que la gente sea utilizada de esa manera. De hecho, hay casos extremos, por ejemplo, la esposa de Berúmen, tenía un problema severo de anemia por falta de alimentación y aun así se le obligó a dar su ofrenda.

La sinagoga de Satanás

A Carmen le tocó ver a muchachos que tenían objetos personales que su madre les había regalado y se tenían que desprender de ellos para venderlos y así reunir el dinero de la ofrenda. Esos objetos tenían un valor sentimental para los muchachos y tenían que desprenderse de ellos. “También en cuanto-añade Carmen- a las relaciones, cuando yo estuve en esa secta a mí no me llamaba la atención ningún varón y un día me llamaron para decirme que había una persona que se interesaba en mí. Me dijeron que Dios quería que yo me involucrara sentimentalmente con alguien, que hiciera la voluntad del Señor.

Todas las decisiones que ellos toman sobre los miembros, las indican que es Dios el que decidió eso, no ellos. Y así lo manejan”: ‘Dios quiere que hagas esto”, “Dios quiere que tú te cases con esta persona.” Uno puede decir, ‘pero si esa persona no significa nada para mí.’ El líder contesta, ‘no te estoy preguntando si te parece, te estoy indicando que Dios quiere que tú te cases con él.’

Testimonios

Manuel comenta que, estando en esta iglesia con el tiempo uno se da cuenta de que usan el nombre de Cristo para hacer negocio, estafar a la gente, tratarla mal y vivir de ellos. Un líder  religioso, sobre todo en esta secta, se dedica a vivir de los demás. Se maneja mucho la manipulación de las masas, porque en el momento en que uno entra a la iglesia ya no se es dueño de sí; lo hacen renunciar a uno como persona, a su amor propio dizque para vivir para Cristo.

“El último-asegura Manuel- director (no proporcionó el nombre) que estuvo en la iglesia, no puedo asegurarlo a ciencia cierta, pero creo que era homosexual. Yo no tengo nada contra el homosexualismo, lo que se me hace cruel es que él estaba casado; y decía: ‘voy a pasar un tiempo con mi discípulo’. Pero a su esposa la hacía a un lado; si se ponía la esposa junto a su ‘discípulo’ consentido, le decía a su esposo: ‘elige con quien te vas a pasar un buen rato’. A lo que éste decía: ‘me voy con él’.